Emprendedores de Papel


Vivimos en una época en la que, por distintas razones, mucha gente sueña con dejar su empleo e iniciar su propia aventura emprendedora. Muchos lo hacen, con distintos grados de éxito, mientras que otros no logran quebrar ese miedo a lanzarse al vacío en busca de ese proyecto y ese tipo de vida que anhelan.
 
Razones para que esto ocurra hay miles, pero a medida que hablo con gente que tiene dentro la “llama emprendedora” pero no se anima a avivarla, me doy cuenta que una de las principales razones por las que muchas personas no emprenden está vinculada a los modelos de éxito que actualmente nos muestra la sociedad. Vemos jóvenes “empresarios” que desarrollan un producto sin precedentes en nuestro mercado, nos muestran triunfadores que trabajan de jean y zapatillas y parecen llevar una vida mucho más tranquila que la nuestra y nos preguntamos cómo podríamos nosotros, que sólo contamos con un puñado de habilidades y buenas intenciones, parecernos a semejantes “adelantados”. Bueno, me gustaría desmitificar un poquito este tema; quizás sirva para romper algunos paradigmas.
 
Durante el último año, tuve la suerte de vincularme con varios “emprendedores exitosos”, esos modelos a quienes todos querríamos parecernos. Pude charlar con ellos, conocer un poco más acerca de sus proyectos y aprender algunas lecciones muy valiosas. Sin embargo, para mi sorpresa, muchos resultaron ser lo que me gusta definir como Emprendedores de Papel. ¿Quiénes son estos pintorescos personajes?
 
Se trata de jóvenes (algunos ya no tan jóvenes) que se mueven en una especie de cofradía informal denominada “ecosistema emprendedor”. Es gente que tiene muchas ideas y en algunos casos llegan a plasmarlas en negocios concretos, pero que por sobre todas las cosas, venden una imagen. Y lamentablemente, esa imagen no siempre representa fielmente la realidad de sus proyectos, y eso es precisamente lo que desalienta a mucha gente a comenzar sus propios negocios.
 
Estos Emprendedores de Papel, generalmente, buscan ideas disruptivas, que tengan algún grado de innovación y denostan a aquellos proyectos que ofrezcan algo que ya existe, sin importar si ese proyecto logra uno de sus objetivos más básicos: proveerle sustento económico al emprendedor que lo lleva a cabo. Se aplauden entre ellos, se felicitan mutuamente y adoran a los mismos ídolos (Steve Jobs, el dios supremo). Nada tiene de malo todo esto, si no fuera porque en muchos casos sus proyectos dependen frágilmente de circunstancias que escapan por completo a su control… dependen para prosperar de que los planetas se alineen en el momento justo. Y no solo eso: sus proyectos no generan ingresos, no pueden vivir a través de su trabajo. Si quien emprende lo hace por amor al arte y no necesita que su trabajo le provea un ingreso periódico, excelente por él o ella, pero no creo que generar pérdidas sea la esencia de una aventura empresarial, al menos en un sistema Capitalista.
 
Lo que ocurre, entonces, es que cuando uno no está dentro de este “ecosistema emprendedor” y ve la situación desde afuera, puede llegar a confundirse y creer que no tiene nada valioso para ofrecer. “¿Cómo me voy a poner a cocinar tortas en casa y venderlas ‘a pulmón’? ¡Mirá lo que hace esta otra gente!”, se dicen algunos a sí mismos, y cajonean su sueño de hacer de su pasión por la pastelería un medio de vida, por poner un simple ejemplo.
 
Por eso, me gustaría que más gente se anime a ir por su propio proyecto personal y no confunda proyectos que son muy valiosos desde el punto de vista de la innovación con proyectos sustentables en el largo plazo. Algunos de los proyectos de los Emprendedores de Papel tendrán éxito, y está bueno que así ocurra porque seguramente nos ofrecerán alguna nueva solución a nuestras necesidades, pero estén seguros de que no es la única forma de emprender y mejorar nuestra propia vida.
 
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Un comentario para “Emprendedores de Papel”

  • Excelente nota!

    Hace ya un tiempo que trabajo ayudando a emprendedores en incubadoras de empresas, y es algo que les digo todo el tiempo.

    Muchas veces no es la genialidad de lo que hagas, sino la forma en que lo hagas y cómo te relaciones para venderlo.

    Sea un producto o servicio, la magia no está tan solo en lo innovador que pueda ser, sino en el impacto de la transacción, y para esto, el don de gente, la calidad en el trato, la búsqueda de un nicho no bien atendido, la empatía con el cliente, y otros tantos factores, son muchas veces las llaves del éxito,

    Por supuesto, hay uno que es fundamental, y es la perseverancia, que hará que se aprenda de cada intento fallido…

    Mi humilde opinión por cierto.

    Gracias por compartir!

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