Miscelaneos
¿Se Puede Construir Carisma?
La respuesta a esta cuestión, crucial (aún a un nivel íntimo) para muchas personas, es un terminante sí. Ya develamos el misterio sembrado en el título de este artículo así que si esto era todo lo que querías saber, podés ahorrarte los próximos 2 minutos y seguir navegando algún otro sitio web. No obstante, si te interesa conocer los razonamientos que sustentan esta afirmación, seguí leyendo…
Según comenta Olivia Fox Cabane en su excelente obra The Charisma Myth (El Mito del Carisma), el carisma no es otra cosa que la manifestación de comportamientos no verbales específicos. Concretamente, cuando conocemos a una nueva persona, en cuestión de segundos buscamos consciente o inconscientemente signos que nos indiquen si tiene:
- Poder (poder de ayudarnos, de hundirnos, de darnos trabajo, de lastimarnos…)
- Calidez (si nos acepta personalmente)

Y en función de esto, identificaremos como carismática a aquella persona cuya imagen y cuya presencia proyecten altos valores de poder y aceptación hacia nosotros. Por lo tanto, si sabemos que estos dos atributos, así como también la Presencia, son los que determinan qué tan carismáticos nos ven los demás, bastaría con perfeccionarse en los mismos para construir carisma en torno a nuestra imagen.
Más fácil de decir que de hacer, The Charisma Myth provee herramientas y técnicas útiles para incrementar nuestro Poder, nuestra Calidez y nuestra Presencia, partiendo del modo en que debemos escuchar, hasta la forma en que debemos presentarnos, pasando por cómo manejarnos carismáticamente en situaciones difíciles.
Se trata de una obra simple y clara pero, en algún punto, también reveladora. Como cuando analiza la contracara del carisma, esto es, los efectos negativos que desarrollar esta habilidad puede generar en los demás. Sin dudas, un libro muy recomendable para quienes estén atravesando un proceso de desarrollo personal.
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Si Querés Cumplirlo, Escribilo

Existen muchas técnicas que podemos implementar para incrementar nuestra productividad y administrar más eficientemente nuestro tiempo en épocas en las que no contar con este recursos suele ser la regla. Algunas son más simples y otras más profundas, pero pocas nos comprometen tanto con el cumplimiento de un objetivo como el simple y milenario hecho de escribirlo. Dice Robin Sharma: “Las cosas que se agendan, son las cosas que se hacen”. Sí, algo tan simple como escribir un objetivo, anotarlo, dispara de un modo insospechado nuestro nivel de compromiso con su cumplimiento.
Podemos valernos de papel y lápiz o de cualquier dispositivo electrónico que usemos con regularidad (smartphone, tablet, notebook, etc). El verdadero valor está en anotarlo en algún lugar al que regresemos con frecuencia, y en generar el hábito de hacerlo.
¿Por qué algo tan simple puede tener implicancias tan positivas sobre nuestra productividad? Compartimos algunas de las razones que dan sustento a esta recomendación:
- Apuntar una tarea le otorga inmediatamente un status mayor que el de cualquier otro pensamiento que se cruce por nuestra mente.
- Registrar una tarea nos ayuda a no olvidarla en medio del bombardeo de información al que estamos expuestos diariamente.
- El saber que una tarea se encuentra asentada en un lugar confiable y fácilmente identificable (nuestra libreta preferida, nuestro Outlook, etc.) libera nuestra mente de la preocupación de saber que “teníamos algo que hacer” pero no recordar de qué se trataba.
- Pocas cosas motivan más que tachar una tarea de una lista de pendientes, sabiendo que fue tratada con diligencia.
¿Básico? ¿Obvio? Invito al incrédulo a probarlo, pero a probarlo en serio, con compromiso. Anotemos todas las cosas que queremos lograr durante esta semana en un lugar confiable, que no olvidemos. Les aseguro que los resultados los van a sorprender.
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Cómo Funciona El Coaching
Compartimos una breve animación sobre cómo funciona el Coaching. Un video claro y simpático sobre un proceso que puede tener efectos muy importantes sobre la vida de las personas:
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Liderazgo Motivador
¿Tu equipo necesita Motivación? Nada mejor que arrancar este año 2013 con todas las pilas… por eso compartimos un breve video sobre cómo motivar a nuestro equipo de colaboradores, especialmente si nos dedicamos a tareas fuertemente orientadas a resultados.
ADVERTENCIA: el video contiene un vocabulario fuerte.
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El Poder De Los Buenos Hábitos
¡Mañana empiezo la dieta!
(Y al final no pude contener las ganas de comerme esa humeante porción de pizza cuando pasé por la puerta de Las Cuartetas)
¡Quedate tranquila, Má! En Diciembre me pongo las pilas y apruebo todas las materias…
(Y el chico pasó de año con lo justo durante los primeros días de Marzo)
¡Yo tengo códigos, viejo! Cuando me case corto inmediatamente con este descontrol… después del casorio no da.
(Y a poco de volver de la luna de miel acariciaba con nostalgia el parche, el garfio y la pata de palo…)
Es gracioso como, de un modo u otro, todos estamos familiarizados con situaciones como estas. Quizás porque las vivimos en primera persona, quizás porque tenemos algún conocido a quien le escuchamos decir cosas similares.
Lo cierto es que, sin entrar a hacer juicios de valor sobre estos ejemplos, todos tienen un origen común: los hábitos. En todos los casos el protagonista cree que con su voluntad es suficiente para abandonar una conducta y pasar tener otra en forma casi instantánea… pero lo cierto es que todo hábito (virtuoso o vicioso) es muy difícil de quebrar.
Es por esta razón que, dado que es inevitable que los seres humanos nos formemos hábitos en nuestro diario vivir, al tener la posibilidad de elegir es mejor inclinarnos por los buenos hábitos. Lo que es bueno y lo que es malo depende de cada persona, no está en nosotros juzgarlo. Incluso los ejemplos anteriores podrían leerse como expresiones de buenos hábitos, dependiendo de cuáles sean nuestras prioridades y nuestros modelos mentales. Por lo tanto, un hábito no es bueno o malo per sé, sino que dependerá de si está alineado o no con nuestra escala de valores y de si nos conduce o no hacia los objetivos que nos planteemos.
Entonces, si asumimos que nos conviene tener buenos hábitos… ¿cómo debería hacer para formarme uno? La mejor forma que conozco de hacerlo es a través de la repetición voluntaria y permanente de pequeñas acciones e ir incrementando la exigencia hasta llegar al nivel que quiero alcanzar. Si, por ejemplo, deseo comenzar a levantarme a las 5:00 AM, sería suicida comenzar a poner todos los días el despertador a esa hora y pretender no sufrir consecuencias devastadoras sobre mi estado de ánimo y mi energía física. Lo aconsejable sería comenzar con un período incremental de exigencia hasta alcanzar esa meta. Así podría comenzar levantándome a las 7:00 AM durante una semana. Levantarme media hora más temprano (a las 6:30 AM) durante la siguiente semana y así sucesivamente hasta alcanzar mi meta. Quizás parezca difícil, pero de un paso por vez se hace bastante llevadero.
Una aclaración importante: está comprobado que incorporar un nuevo hábito, sea cual sea su naturaleza, toma entre 30 y 40 días de práctica permanente. Tener traspiés o sentir cierto malestar durante los primeros días no es para preocuparse… de hecho, es absolutamente normal. Lo importante es seguir en la línea que elegimos para lograr vencer esa resistencia inicial y convertir el nuevo hábito en una parte esencial de nuestra conducta.
Ahora bien, a pesar de todo… ¿por qué debería incorporar buenos hábitos a mi vida? El escéptico se preguntará si es realmente tan determinante. Y la respuesta es un rotundo sí. La mayor diferencia entre las personas que tienen éxito y las que fracasan son sus hábitos. No importa qué sea tener éxito para cada uno: para algunos será tener un estado físico excelente, para otros será formar una familia, para otros será lograr un determinado reconocimiento social o ganar mucho dinero… hay tantas definiciones de éxito como personas en esta Tierra. Pero lo que es seguro es que aquellos que lograron cumplir sus deseos no lo hicieron por obra de la suerte o de simples coincidencias. Alcanzaron el éxito como consecuencia de acciones permanentes y dirigidas a ese objetivo que se propusieron. Es decir, alcanzaron el éxito gracias a sus buenos hábitos.
Por eso propongámonos instaurar buenos hábitos en nuestra vida. Les aseguro que el precio que paguemos por adoptarlos será siempre mucho menor que el arrepentimiento de no haberlo intentado.
Ese Pequeño Sobresfuerzo
A veces nos preguntamos cómo hay gente que consigue en su vida cosas que a nosotros mismos nos gustaría conseguir pero no sabemos cómo. O creemos que otros tienen más suerte porque atravesaron menos obstáculos que nosotros… “La tuvieron más fácil”, “Papá le debió pagar el posgrado en el exterior”, “Sentado en esa billetera yo también monto una empresa como esa”, “Seguro que no tiene que llevar todos los días a sus chicos al colegio”, decimos.
Lo cierto es que, si bien algunas personas transitan un camino menos accidentado para alcanzar el éxito en sus profesiones y en su vida, todos podemos lograr aquello que nos proponemos si hacemos un pequeño sobresfuerzo. Es cierto lo que reza la vieja máxima: “Cualquiera puede llegar a la cima, aunque ayuda mucho haber nacido alto”.
Pero lo que el contexto no da, puede ser compensado por nuestras acciones concretas y nuestra actitud para enfrentar los obstáculos.
Podemos lograr casi cualquier cosa que nos propongamos si ponemos en ello el esfuerzo necesario. Sin embargo, contrario a lo que muchos creen, no se trata de hacer sacrificios sobrehumanos sino que el secreto está en dar pequeños pasos hacia nuestro objetivo, sin prisa pero sin pausa. La naturaleza nos da un ejemplo muy concreto con la lluvia y el viento que, gradual e ininterrumpidamente erosionan una roca. De manera análoga podemos nosotros erosionar los obstáculos que nos separan de aquello que deseamos conseguir.
La pregunta que surge naturalmente al plantear esta cuestión es por qué, si es tan sencillo avanzar hacia nuestros objetivos, no hay más gente que lo hace. Y la respuesta es tan sencilla como la metodología propuesta: porque esta forma de actuar tiene un precio que no todos están dispuestos a pagar: la disciplina. Dar pequeños pasos demanda paciencia, constancia en nuestras acciones y confianza en que los grandes resultados solo pueden ser alcanzados a largo plazo, como consecuencia de nuestro permanente y hasta obsesivo foco en el objetivo. Si no estamos dispuestos a pagar el precio de ser disciplinados, difícilmente podamos cumplir nuestros sueños. Pero por el contrario, si aceptamos a la disciplina como condición sine qua non de todo gran triunfo, estén seguros de que los resultados superarán holgadamente todas sus expectativas.
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¿Trampeamos Lo Suficiente?
Esta es una de las principales preguntas que se hace Dar Ariely (@danariely), profesor de Behavioral Economics de la Universidad de Duke, Estados Unidos, en su excelente obra The (Honest) Truth About Dishonesty.

Las conclusiones a las que llega el Prof. Ariely, según las cuales parecería demostrarse que el ser humano promedio es más honesto de lo que podría serlo, se contrastan con los motivos que nos llevan a hacer trampa en cuanto se nos presenta la oportunidad. Mientras estudios previos a este libro nos conducían a creer que las personas actuamos sólo por una ecuación costo-beneficio (o en términos de engaño, una ecuación ganancia-castigo potencial), los distintos experimentos que se condujeron demostraron que todos nos debatimos pendularmente entre dos fuertes inclinaciones:
- 1. La necesidad de mostrarnos a otros y vernos a nosotros mismos como personas honorables, sinceras, honestas y honradas.
- 2. La necesidad de maximizar nuestro beneficio en los distintos ámbitos de nuestra vida.
Pero… ¿cuál tira más ante una situación de conflicto de intereses? ¿Por qué algunas personas tienen mayor propensión a satisfacer la primera necesidad y otras la segunda?
Responder a estas preguntas en este post sería como contarles el final de una buena película. Es mejor que lo averigüen por ustedes mismos leyendo esta obra maestra del comportamiento humano. Sin embargo, a modo de adelanto, vamos a compartir algunas de las conclusiones a la que se arribó. ¡Qué las disfruten!
- 1. Las personas nos sentimos más cómodas actuando deshonestamente cuantos más eslabones o elementos nos distancien del acto deshonesto en sí. Esta máxima se comprobó de diversas maneras, pero una de ellas fue poniendo en una heladera comunitaria USD 20 en billetes de USD 1 y el mismo valor en botellas de gaseosa. ¿El resultado? Con el correr de los días todas las botellas desaparecieron (la gente las tomó sin que les pertenecieran) mientras que no faltó ni uno solo de los billetes. Robar una gaseosa de una heladera parecería ser mucho menos grave que robar su equivalente en dinero…
- 2. La trampa se puede propagar como un germen. Cuando las personas accionan en forma reñida con la ética, tienden a inducir a otras personas cercanas a “beneficiarse” con la misma acción. De este modo, si varios se benefician con lo mismo, la acción parece no revestir tanta gravedad. Una gran forma de autojustificarse. Pensemos si una máquina expendedora de golosinas funciona mal y nos devuelve, además de la golosina, nuestro dinero. ¿No le diremos a algún amigo que aproveche esta oportunidad única? Al fin y al cabo… ¿quién no perdió alguna vez dinero en una máquina expendedora? Sería como una “compensación”. Precisamente esto fue lo que se comprobó en otro de los experimentos.
- 3. La trampa tiene un alto componente altruista. A través de distintas pruebas de campo, Dan Ariely demostró que cuando creemos que beneficiamos a otro con nuestro turbio accionar, las personas tendemos a justificar nuestros actos. Pensemos cuando un equipo de auditores externos acepta el “maquillaje” de un balance en “beneficio” de los accionistas de la empresa, de su propia consultora (que debe mantener feliz a su cliente) y de sí mismos (por las eventuales gratificaciones que puedan recibir por su “excelente” labor).
- 4. Usar artículos “truchos” potencia el comportamiento deshonesto. A través de una serie de experimentos con anteojos de sol marca Prada (todos ellos originales), se pidió a un grupo de gente que completara un ejercicio numérico en el cual se dejaba abierta la posibilidad de mentir en la cantidad de respuestas correctas. Lo que se demostró es que aquellas personas a quienes se les dijo que los anteojos no eran auténticos, tuvieron un índice de trampa muy superior a quienes creían utilizar los Prada originales. De la misma manera, se comprobó que cuando comenzamos a violar nuestros estándares de conducta ética (por ejemplo, utilizando productos que no son originales), tendemos a reincidir en otros ámbitos y, peor aún, tendemos a aceptar la trampa en otras personas.
Soñar con Disciplina
Actualmente está muy de moda hablar acerca de alcanzar nuestros sueños. Al fin y al cabo, aun con sus dificultades, el mundo actual es un lugar mucho más amigable para hacer aquello que siempre deseamos (por eso la proliferación de carreras y negocios impensados en otra época).
En la facultad, tuve un profesor de Marketing que decía que hoy en día cualquiera puede llegar a la cima en su profesión. Su comentario generaba polémica porque parecía no contemplar a aquellos menos afortunados que quienes estábamos asistiendo a su clase. Sin embargo, no era eso a lo que él se refería: lo que nos quería decir era que con el acceso a la información y los recursos que tenemos hoy, una persona puede prosperar y llegar muy lejos en la vida, cosa que hace 50 o 100 años quizás no era tan sencillo de lograr.
Sin embargo, lo que a mi profesor se le olvidó comentar fue que el acceso a la información o a los recursos no es suficiente para triunfar en nuestra profesión. Apoyarnos exclusivamente en estos dos elementos puede ayudar, pero no alcanzará. Creo que faltaba un factor en la ecuación: la disciplina.
Es por esta razón que cuando hablamos de proyectar una carrera profesional, me gusta usar el término Soñador Disciplinado. Proyectar, imaginar, en fin, soñar a dónde queremos llegar en la vida es el primer paso para lograrlo. Es la piedra fundacional de nuestro éxito.
Pero cualquier cosa que nos propongamos lograr contemplará realizar muchísimas tareas poco gratificantes y muchas otras sumamente demandantes. Si no estamos dispuestos a hacernos cargo de ellas, nuestro sueño quedará solamente en buenas intenciones. O lo que es peor, culparemos a la mala fortuna por no haber llegado tan lejos como pudimos haberlo hecho. Pensemos en cualquier ejemplo de éxito, en cualquier ámbito. Si buscamos un poco más allá de lo que se ve a primera vista, nos vamos a dar cuenta que detrás de todo éxito, hay mucho esfuerzo, muchas horas de dedicación, mucha disciplina.
Una última reflexión: disciplina no debería ser interpretado como sinónimo de sufrimiento. Al menos, no es eso lo que trato de transmitir. Es muy propio de nuestra cultura, en particular por sus raíces religiosas, identificar al trabajo con una pesada carga que debemos llevar. OK, somos así. Pero eso no es una verdad universal. Hay muchos lugares en el mundo donde esforzarse por algo es lo que da sentido a la vida de la gente. Esto no está ni bien ni mal… es cultural.
Lo importante, en última instancia, es tratar de disfrutar del camino. Siempre vamos a tener que dejar de hacer algo que nos gusta más en pos de ser disciplinados en la consecución de nuestro sueño. Pero muchas veces, la sola idea del sueño cumplido es mucho más poderosa y gratificante que el dolor de haber postergado ese asado o ese partidito de fútbol con los muchachos.
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There Is No Such Thing As A “Self-Made” Man
Linda frase de George Burton Adams:
There is no such thing as a “self-made” man. We are made up of thousands of others. Everyone who has ever done a kind deed for us, or spoken one word of encouragement, has entered into the make-up of our character and of our thoughts, as well as our success.
El Derecho de Piso, Esa “Cordial” Bienvenida
Hace unos días me encontré de casualidad con un excompañero de trabajo con quien coincidí en uno de mis empleos en relación de dependencia, antes de iniciar la aventura de Nabhen & Co. Lo llamativo de este chico, más allá de su destacable inteligencia y capacidad, fue que no lo recordaba precisamente por estos atributos sino porque su ingreso a la compañía a la que pertenecíamos se le hizo muy cuesta arriba. ¿Por qué, si era tan capaz e inteligente? Lisa y llanamente, porque tuvo que pagar el Derecho de Piso.
Y su caso, si bien un tanto extremo (sé que por momento no la pasó nada bien) me hizo recordar que todos en algún momento sufrimos, al menos un poquito, de esta “cordial” bienvenida.
Ahora, ¿está bien que pase esto? O para no hacer juicios de valor… ¿Por qué ocurre? Más allá de que un rápido análisis nos puede conducir a pensar que la gente “cobra derecho de piso” por su propia inseguridad (a que el nuevo compañerito ocupe su lugar, le saque protagonismo o un sinfín de etcéteras), yo lo asocio más con el egoísmo. De hecho, me recuerda mucho a una situación que se da generalmente en el trasporte público:
Muchas veces, al subirnos a un colectivo, nuestro ingreso coincide con el descenso de una de las personas que ocupa uno de los codiciados asientos individuales que se ubican del lado izquierdo del colectivo (del mismo lado que el chofer). Felices de que tendremos un buen lugar a nuestra disposición sacamos el boleto y, cuando encaramos para dicho sitio, otro pasajero, que se encontraba cómodamente sentado en otro asiento, se abalanza sobre nuestro objetivo, simplemente porque como él estaba antes en el colectivo, asume que le corresponde sentarse primero en el lugar que le dé la gana y dejar al nuevo pasajero lo que él ya descartó. O sea, que el nuevo pague el derecho de piso… sólo por ser nuevo.
Esta situación, que lamentablemente observamos y aceptamos con mucha naturalidad, se da en todos los ámbitos sociales. En plano laboral, puntualmente, ocurre tanto en empresas grandes como en la más pequeña PyME. Y, desde mi punto de vista, es algo que sería bueno tratar de erradicar de nuestro comportamiento. Porque el tener más antigüedad en un lugar debería darnos una mayor responsabilidad y elementos para ayudar al nuevo miembro del equipo a adaptarse mejor a nuestro entorno. Ya bastante movilizador es el simple hecho de ingresar a un nuevo trabajo como para tener también que lidiar con el egoísmo de algunos de nuestros nuevos colegas. Creo que facilitar la adaptación de un nuevo compañero nos enaltece y hasta nos otorga autoridad, más que debilitarnos. Es como para tenerlo en cuenta.
Y sobre este excompañero al que me crucé y disparó esta reflexión, les cuento que no permaneció mucho en la empresa, lamentablemente. Pero su capacidad y deseo de superación lo hicieron avanzar mucho en la vida, por un camino bastante distinto a aquel en el que yo lo conocí, y hoy le va excelente… de hecho, mucho mejor que a muchos de los que le complicaron la vida en su momento.
Asamblea En La Carpintería
En nuestra vida personal y profesional solemos frecuentemente ver la cara “oscura” de nuestros semejantes. Estamos todavía bastante condicionados culturalmente a ver las fallas en el otro, a focalizarnos en aquellos aspectos en que no es bueno, a criticarlo…
En una cultura donde el poder ha sido (y es aún) un valor dominante, mirar lo bueno del otro y expresarlo es muchas veces percibido como un signo de debilidad. “¿Porqué lo voy a felicitar? A ver si todavía se la cree y se atreve a desafiarme… Mejor le señalo sus errores así no se agranda y, las cosas que hace bien, son simplemente su obligación”.
Esa actitud hacia el semejante, lejos de favorecernos, se vuelve contra nosotros como el reflejo de un espejo, perjudicando nuestra calidad de vida personal y atentando contra la eficacia de nuestras actividades profesionales. Estoy convencido que el revertir esa tendencia nos hará crecer más allá de los límites que imaginamos y nos permitirá alcanzar un mayor nivel de armonía.
Atrevete, mirá y aplaudí lo bueno del otro y ayúdalo sinceramente a que supere aquello que no sale tan bien. Te vas a llevar sorpresas que ni imaginás… El hombre es un ser social y las fortalezas de cada uno están llamadas a cubrir las debilidades de otros en un marco de gran diversidad. Al significar lo que el otro no tiene le estás limitando su capacidad de que brille lo que tiene, y eso de alguna manera, indefectiblemente, repercute negativamente en vos.
Para ilustrar lo que te estoy comentando, comparto con vos una fábula que un día llegó a mis manos. Como toda fabula posee en su interior una enorme sabiduría. Se llama “Asamblea En La Carpintería” Espero que la disfrutes.
Cuentan que en la carpintería hubo una vez una extraña asamblea.
Fue una reunión de herramientas para arreglar sus diferencias.
El martillo ejerció la presidencia, pero la asamblea le notificó que tenía que renunciar.
¿La causa? Hacía demasiado ruido!
Y, además, se pasaba el tiempo golpeando.
El martillo aceptó su culpa, pero pidió que también fuera expulsado el tornillo; dijo que había que darle muchas vueltas para que sirviera de algo.
Ante el ataque, el tornillo aceptó también, pero a su vez pidió la expulsión de la lija.
Hizo ver que era muy áspera en su trato y siempre tenía fricciones con los demás.
Y la lija estuvo de acuerdo, a condición de que fuera expulsado el metro que siempre se la pasaba midiendo a los demás según su medida, como si fuera el único perfecto.
En eso entró el carpintero, se puso el delantal e inició su trabajo.
Utilizó el martillo, la lija, el metro y el tornillo. Finalmente, la tosca madera inicial se convirtió en un fino mueble.
Cuando la carpintería quedó nuevamente sola, la asamblea reanudó la deliberación.
Fue entonces cuando tomó la palabra el serrucho, y dijo: “Señores, ha quedado demostrado que tenemos defectos, pero el carpintero trabaja con nuestras cualidades. Eso es lo que nos hace valiosos. Así que no pensemos ya en nuestros puntos malos y concentrémonos en la utilidad de nuestros puntos buenos”.
La asamblea encontró entonces que el martillo era fuerte, el tornillo unía y daba fuerza, la lija era especial para afinar y limar asperezas y observaron que el metro era preciso y exacto.
Se sintieron entonces un equipo capaz de producir muebles de calidad. Se sintieron orgullosos de sus fortalezas y de trabajar juntos.
Ocurre lo mismo con los seres humanos. Observen y lo comprobarán.
Cuando en una empresa el personal busca a menudo defectos en los demás, la situación se vuelve tensa y negativa.
En cambio, al tratar con sinceridad de percibir los puntos fuertes de los demás, es cuando florecen los mejores logros humanos.
Es fácil encontrar defectos, cualquier tonto puede hacerlo. Pero encontrar cualidades, eso es para los espíritus superiores que son capaces de inspirar todos los éxitos humanos.
T.G.W. Lab. Corp.
¡Feliz Año Nuevo!
En este 2012 que recién comienza, el equipo de Nabhen & Co. les desea salud, felicidad y prosperidad (en este orden o en el que más les guste). Esperamos que todos nuestros colegas y amigos puedan cumplir sus sueños y anhelos y que este nuevo año sea realmente memorable para todos.
Y para comenzar de la mejor manera, queremos compartir con ustedes una pequeña parábola:
La Piedra y El Hombre
El distraído, tropezó con ella.
El violento, la utilizó como proyectil.
El emprendedor, construyó con ella.
El campesino, cansado, la utilizó de asiento.
Drummond, la poetizó.
David, la utilizó para derrotar a Goliat.
Y Michelangelo, le sacó la más bella de las esculturas.
En todos los casos la diferencia no estuvo en la piedra, sino en el hombre…
El año que comienza es el mismo para todos, depende de nosotros lo que hagamos con él.
¡Seamos Más Gansos!
por Andrea Soria
Casi sin querer… si te ponés a analizar a tu alrededor, vivís relacionado con otras personas para hacer diferentes cosas en lo cotidiano: tu familia, tu trabajo, el deporte que practicás, etc.
Pero pocas veces pensamos en esos grupos de personas o grupos de trabajo, e intentamos entender de qué se trata. Tenemos grupos de amigos, de colegas, armamos equipos de trabajo, nos reunimos varias personas en un cine para ver la misma película….
¿Pero de qué lado estás? ¿Grupo o Equipo? ¿Pensanste alguna vez qué significa Grupo y qué significa Equipo? ¿Sabés que es diferente el concepto? Acá va:
El Grupo es un conjunto de personas reunidas por un tema o un objetivo. En cambio, el Equipo, es un conjunto de personas con habilidades complementarias que se hallan comprometidas con un propósito común y objetivos de desempeño para los cuales se hallan mutuamente disponibles.
Entonces: ¿en qué Grupos estás?, ¿en qué Equipos funcionás? Y para contribuirte en esta reflexión te ofrezco “mirar” el comportamiento animal y “aprender” cómo ellos definitivamente funcionan en verdaderos Equipos. ¡Qué lo disfrutes!
En Lo Que Podemos Aprender De Los Gansos se transcribe un discurso de Angeles Arrien (antropóloga) que dictó en la Red de Desarrollo de la Organización en 1991 y que se basó en el trabajo de Milton Olson sobre estas especies. Aunque hay sospechas que ya por el año 1988 se difundía este comparativo sin mayores evidencias de su repercusión o impacto. Acá va:
Hecho 1: Al mover sus alas los gansos crean una corriente de aire que levanta a las aves que los siguen en formación. Al volar en formación en “V”, la bandada aumenta su autonomía de vuelo en un 71%, comparado con lo que lograría volando cada ganso por su cuenta.
Moraleja: Las personas que comparten un objetivo común y un sentido de comunidad, logran lo que pretenden con mayor velocidad y facilidad porque recorren el camino respaldados por el impulso mutuo.
Hecho 2: Cuándo un ganso abandona la formación, repentinamente siente el esfuerzo y la resistencia del aire al volar solo. No tarda en volver a la formación para aprovechar la corriente de aire del ave que lo precede.
Moraleja: Si tenemos tanto sentido común como un ganso nos quedamos con la formación, siguiendo a las personas que van en la misma dirección que nosotros. Estamos dispuestos a aceptar su ayuda y a ofrecer nuestra ayuda a otros.
Hecho 3: Cuándo se cansa el ganso que lleva la delantera, rota hacia atrás en la formación y otro ganso toma su lugar.
Moraleja: Conviene turnarse en la realización más difíciles y compartir el liderazgo. Así como los gansos, las personas dependen de los demás, de sus habilidades, sus capacidades y de su combinación única de dones, talentos o recursos
Hecho 4: Los gansos que integran la formación emiten graznidos, alentando a los que llevan la delantera a mantener la velocidad
Moraleja: Debemos asegurarnos de que nuestros “graznidos” sean de aliento. Los grupos que reciben aliento logran una producción mucho mayor. Esta capacidad de ofrecer aliento (protegiendo los valores básicos propios y alentando los valores básicos de los demás) es el tipo de “graznido” que necesitamos.
Hecho 5: Cuándo un ganso se enferma, se lastima o recibe un tipo que lo obliga a abandonar la bandada, dos gansos salen de la formación y lo siguen para ayudarlo y protegerlo. Permanecen con él hasta que muere o hasta que pueda volver a volar. Luego, se integran a otra formación o alcanzan a la bandada original.
Moraleja: Si tenemos tanto sentido común como los gansos, debemos ofrecernos apoyo mutuo tanto en los tiempos difíciles como cuándo estamos fuertes.

